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President's Remarks

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Honorary Degree

"I am deeply moved by the recognition of my literary work granted by the Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD).  I augur this venerable university, the university of the people and for the people, a future that is generous in its continued exercise of good teaching and learning for all who come through its doors." Daisy Cocco De Filippis, Ph.D.

Remarks on the Occasion of being granted an Honorary Doctorate in the Humanities by the Universidad Autónoma de Santo Domingo, October 6, 2016

Universidad Autónoma de Santo Domingo

Primada de América

Fundada el 28 de octubre de 1538

Jueves, 6 de octubre de 2016 a las 9:30 a.m.

Discurso de la Dra. Daisy Cocco De Filippis, doctora honoris causa por la Universidad Autónoma de Santo Domingo, Claustro Menor, Resolución No. 2015-003

REFLEXIONES DE UNA EDUCADORA

Excmo. Rector Magnífico de la Universidad Autónoma de Santo Domingo

Excmos. Miembros del Claustro Menor

Excmos. Señores Profesores

Señoras y señores:

Permítanme ante todo dar las gracias a la Universidad Autónoma de Santo Domingo por este reconocimiento de mi trabajo a favor de las letras dominicanas, aquí en mi tierra natal y en mi segunda patria, los Estados Unidos.    Me siento muy conmovida por este abrazo respetuoso que me brinda mi tierra querida y por encontrarme incluida de manera simbólica a los salones de clase de esta augusta institución.  Agradezco en particular los esfuerzos del Ex-Director de la Biblioteca Pedro Mir, el Sr. César Augusto Zapata por su trabajo y gestiones a favor de este reconocimiento y el gesto de generoso apoyo de mi esposo Nunzio De Filippis, mi hermano Luigi Cocco, mi amiga y hermana Chiqui Vicioso y su esposo el Diputado Nacional Fidelio Despradel, amigas y amigos y las distinguidas personalidades presentes hoy.

     Se me ha pedido que ofrezca unas palabras lo que me permite reflexionar brevemente en torno a mi vocación como estudiosa de la literatura y su impacto en mi trabajo como profesora que ahora preside una Universidad comunal en los Estados Unidos.  Son cuatro décadas que ahora resumo en estas breves palabras en las que reflexionaré sobre el por qué estudié literatura y por qué dediqué la mayor parte de mis escritos a dar a conocer la literatura dominicana de aquí y de la diáspora dominicana en los Estados Unidos.  Veremos si logro resumir esa búsqueda por encontrar respuestas a tantos vacíos ya sean en mi propia vida, nuestra cultura y literatura y en los salones de clase de tres universidades estatales donde en el transcurso de los últimos cuarenta años me ha tocado crear, abrir espacios para afirmar mi existencia y la de tantos como yo a quienes la vida los ha empujado a crear nidos fuera de su tierra natal.

 Es por eso que me conmueve profundamente el que exista un auditorio dedicado a Don Manuel en cuyas letras recorrí parte de nuestra tierra; quien en mi juventud visitó York College donde yo ejercía como profesora y nos dignó con un hermoso conversatorio sobre las letras, en particular la poesía en Santo Domingo.  York College vio también la presencia de Aida Cartagena Portalatín.  En los escritos de doña Aida yo había encontrado respuestas a mis propias inquietudes.  En Del desconsuelo al compromiso/From Desolation to Compromise la antología bilingüe de sus poemas que edité en 1988 se presenta una ruta a emular:  Pasamos de “una mujer está sola, sola con su estatura…” a “No creo esté aquí demás, Aquí hace falta una mujer y esa mujer soy yo…”  En la obra de doña Aida encontré también una explicación a la identidad racial de muchos de nosotros:  “MI MADRE FUE UNA DE LAS GRANDES MAMA del mundo./De su vientre nacieron siete hijos/que serían en Dallas, Memphis o Birmingham un problema racial…(ni blancos ni negros).  A doña Aida dedicamos en 1993 una conferencia literaria que duró tres días, “The Women of Hispaniola” (Las mujeres de la Española), su compañera de viaje la solidaria Chiqui Vicioso cuyo poema “Haití” resume tan hermosamente la esencia de la conferencia y nuestra hermandad con la parte occidental de la isla.  Las actas de la conferencia fueron publicadas en 1993.

    Recuerdo esta mañana a Don Pedro Mir -poeta, intelectual, novelista cuyo poema“Hay un país en el mundo” y su ensayo “Las dos patrias de Santo Domingo” encaminaron los pasos de una joven educadora en busca de sí misma y de su herencia cultural dominicana. Con la obra de Don Pedro se me permitió presentar la defensa del segundo examen de mi doctorado, hecho muy importante porque su obra en aquel entonces y la obra de dominicanos no aparecía en los sílabos en los cursos de clase de la licenciatura o el doctorado.  No aparecían en ningún curso de literatura hispana en los Estados Unidos en aquel entonces. Punto.  Recuerdo mis visitas a don Pedro en preparación de mi discurso, su paciencia y el apoyo que me rindió entonces.  Muchos años más tarde, esa misma académica organizó en Hostos Community College una conferencia internacional dedicada a la obra de don Pedro, para agradecer su apoyo generoso a una joven estudiante y entregárselo a la nueva generación.  En esa ocasión reproducimos un número limitado de ejemplares de la monografía Cómo escribir un poema con Pedro Mir, de Chiqui Vicioso.

 El año siguiente al segundo examen doctoral, propuse mi tesis doctoral Del postumismo a la poesía sorprendida, la poesía dominicana en las primeras décadas del siglo veinte, defendida en 1984 fue la primera tesis escrita sobre un tema dominicano por una dominicana en el Centro de Estudios Graduados de la Universidad de Nueva York.  Logré que se me permitiera presentar la poesía dominicana (qué es la poesía dominicana, preguntó entonces un incrédulo catedrático) porque la sometí a un análisis semiótico, teoría considerada avanzada y a la altura de los estudios en el Centro de Estudios Graduados de la Universidad de la Ciudad de Nueva York.

   Como ven, el camino ha sido de encuentros con multiples retos, a nivel personal a la vez que académico. La mía ha sido una jornada en busca de la narrativa perdida cuando a los trece años me fui de Santo Domingo a vivir en Nueva York con mi madre y su segundo esposo. Digo me fui pero debo decir me llevaron porque yo no me quería ir por no separarme de mi abuela.  En las manos de mi abuela Gabriela Menéndez Henríquez, Mamá Biela, aprendí a amar la poesía y a entender un poco la contribución que las mujeres habían hecho a nuestra cultura y a nuestra historia.  Nadie hubiera conocido gran parte de la historia de Juan Pablo Duarte en el exilio, por ejemplo, decía Mamá Biela, sin los Apuntes de su hermana Rosa Duarte.  Bien joven aprendí en sus manos sabias que quienes escriben la historia aseguran el futuro y afirman las voces y las existencias que conocerá la posteridad.

 Y qué decir de Salomé Ureña de Henríquez y su labor junto a Eugenio María de Hostos que culminó con la fundación de la primera escuela Normal para señoritas.  Hostos entendía, junto a Salomé, que había que enseñar a los pueblos a pensar; que había que enseñar a los niños y a las niñas a pensar y a usar su capacidad como seres humanos para vivir una vida razonada, vivida con conciencia y con ciencia. Mi segundo hogar académico Hostos Community College donde estuve casi siete años como Preboste y Vice Rectora Ejecutiva Académica me permitió poner en práctica muchas de las ideas de Don Eugenio y de nuestra querida Salomé.  Sé que Mamá Biela se sonríe y sigue sonriendo al observar la obra pedagógica que he puesto en marcha en mi querida Naugatuck Valley Community College. En Hostos Community College también entendí que a mi manera yo era hija de la hija de Salomé, Camila Henríquez Ureña, la Henríquez Ureña que trabajó a la sombra de sus hermanos y que ejerció la docencia en otras tierras y logró ser la madre espiritual de tantas escritoras ya no tan jóvenes hoy día , las de nuestra edad, y cambiar o establecer en tantas instituciones parte del curriculum que aún se estudia hoy día, donde se apunta, como decía Rosa Duarte, una experiencia humana que merece ser estudiada y conocida.  Noto que tantas de las escritoras y de los escritores cuyas palabras se han grabado en mi alma y en mi trabajo fueron y son como yo hasta cierto punto “Aves sin nido”, seres humanos en búsqueda de un hogar que los reciba y de una academia en la que su contribución a la humanidad es reconocida y estudiada.

   Hoy día entiendo que mi pluma ha servido de puente, de apoyo al espacio dentro de las letras dominicanas para la obra de la mujer y de nuestros escritores dominicanos en la diáspora.  En ese empeño no he estado sola. La gran escritora Chiqui Vicioso había comenzado a emprender esa labor con sus escritos tempranos en los ochenta.  Mis investigaciones y estudios apoyaron ese esfuerzo con la recopilación y desiminación de tres antología seminales: Sin otro profeta que su canto, antología de poesía escrita por dominicanas (1988), Combatidas, combativas y combatientes, antología de cuentos escritos por dominicanas  (1992), Madres, maestras y militantes dominicanas,ensayos escritos por dominicanas (2001). Recuerdo con gran aprecio la presencia de Don Juan Bosch en la presentación de la antología de cuentos.  Chiqui Vicioso siempre presente y sus generosas remesas de selecciones de escritos de otras compañeras, su promoción del trabajo de los dominicanos, fue gran fuente de apoyo a esos escritos míos de entonces.  Chiqui continúa esa labor de generosa recuperación en sus importantes ensayos y sus celebradas obras de teatro.  Julia Alvarez, otra de nuestra generación se ha encargado con sus novelas y ensayos a dar a conocer nuestra historia como pueblo y a incluir en la historia universal la vida y obra de Salomé Ureña y las hermanas Mirabal entre tantos generosos esfuerzos.  No se puede ser más dominicana que la escritora cuya pluma ha creado entrada a la realidad dominicana en la imaginación de tantos millones de lectores a nivel mundial.  Parte de lo que se conoce hoy día fuera de esta mi media isla querida se debe a la labor de tantos que como yo salimos jóvenes, buscamos a través de la palabra escrita una manera de hacer constar que existimos y que tenemos valor humano.

  Mis reflexiones esta mañana me llevan no sólo a un encontrar hermandad con mis hermanas escritoras sino también con la de mis hermanos escritores.  En este afán la labor hecha por Franklin Gutiérrez en alentar, recoger y diseminar los escritos de esos “Emigrantes del siglo”, nuestros Dominican Yorks que escriben en español es incomiable.  Franklin Guitierrez es otro hermano con quien fue mi honor editar dos antologías seminales que rescatan la obra de dominicanos en Nueva York y otras partes:    Stories of Washington Heights, and Other Corners of the World/Historias de Washington Heights y otros rincones del mundo (1994) y Literatura dominicana en los Estados Unidos, Presencia temprana 1900-1950 (2001).

 De esa necesidad de abrir espacio para un grupo de escritoras jóvenes en los Estados Unidos creció mi amistad con la poeta Marianela Medrano.  En conversación con Marianela en los noventa decidimos formar “Las tertulias de escritoras dominicanas en los Estados Unidos”, trabajo recogido en Tertuliando/Hanging Out, Dominicanas and Friends (1997), publicada aquí por la Feria Internacional del libro y en Nueva York por el Centro de Estudios Puertorriqueños de Hunter College.  En Hunter College también ofrecimos una serie de conferencias, organizadas por Sonia Rivera Valdés y su servidora, a la que asistieron escritoras de aquí y de allá, y que culminaron en dos antologías que recogen Conversaciones de Escritoras del Caribe Hispano (2001 y 2003).  El esfuerzo de reunirnos para validar y conocer el trabajo propio como escritoras que escriben desde un margen o frontera que produjo las publicaciones mencionadas se trasladó a Connecticut cuando yo fui nombrada Presidente (Rectora) en 2008.  Marianela Medrano aún hoy apoya este esfuerzo en Naugatuck Valley Community College con sus “Confluencias/Confluence” que celebran su octavo aniversario este otoño.  En su quinto aniversario este esfuerzo fue recogido en Confluencia in the Valley, prologado por quien les habla y editado por dos escritoras dominicanas Marianela Medrano y Juleyka Lantigua-Williams en 2013.

  Mis comentarios de hoy señalan someramente una selección de las publicaciones en estas últimas tres décadas.  Considerando la esencia de mis inquietudes intelectuales durante este período, entiendo que estos textos sólo pudieron haberse escrito desde la diáspora.  Es decir, en un espacio donde simultáneamente estoy dentro y fuera de la tradición dominicana; dentro y fuera de las corrientes norteamericanas.  Es un trabajo que nace de la fuerte necesidad de abrir camino y de llenar huecos que a mi entender necesitaban ser cubiertos.  Estos libros, compañeros de mis noches sin descanso, representan mi posición intelectual de dominicana, nacida aquí, llevada allá y bien necesitada de reconciliar estos mundos.

    De mi trabajo en el salón de clase y en la administración señalo que el afán de remediar ausencias se traslada también a mis esfuerzos por educar a nuestros hijos.  Esa labor pedagógica ha recibido unos cuantos estudios y ha demostrado tener mucho éxito, sobre todo con estudiantes de familias pobres. Días antes de salir recibimos noticia del Departamento de Educación de los Estados Unidos, indicando que Naugatuck Valley Community Colleges es uno de las 25 universidades comunales (de más de 1,300 en los Estados Unidos) más eficaces en la educación de estudiantes de la clase pobre.  Es un lugar hermoso. Los invito a visitarnos pronto.  Nuestro trabajo se informa de muchas de las teorías de Hostos, recibidas por mí en el hermoso trabajo de Camila Henríquez Ureña.En mi publicación Hijas de Camila/Camila’s Line, de 2007, incluyo un poema escrito por Camila Henríquez Ureña titulado., “Vida y libertad”, dice Camila:

Esta es mi vida, la de arriba,

la de la pura brisa,

la del pájaro ultimo,

la de las cimas de oro de lo oscuro!

Esta es mi libertad:  oler la rosa,

cortar el agua fría con mi mano loca,

desnudar la arboleda

cogerle al sol su luz eternal (Obras y apuntes, tomo x)

  `   Esa también ha sido mi labor:  Cortar el agua fría con mi mano…para así poder cogerle al sol su luz eternal.   Esa es la luz que mis escritos quisieran recoger, la luz eterna que llega cuando el espíritu, el arte, la cultura de un pueblo, y de un sector del pueblo dejado en la sombra, se ofrece a la posteridad.  Es también la luz que brilla en la frente de los jóvenes que han estudiado y continúan estudiando en los recintos universitarios en los que me ha tocado crear.

Mil gracias por escucharme con generosidad y por reconocer mi labor de educadora y de puente.  Bendiciones.

   

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